De “El Niño” y otros fenómenos | Land Portal

Resource information

Date of publication: 
June 2016
Resource Language: 
ISBN / Resource ID: 
IPDRS-Diálogos-173
Pages: 
4
License of the resource: 
Copyright details: 
IPDRS

El fenómeno de “El Niño” ha afectado a la región con efectos cada vez más visibles y dañinos en diferentes áreas del cotidiano vivir, sin embargo hay otros problemas que hacen que la tierra reciba cada vez más daños y cambios. El IPDRS presenta este breve análisis de los efectos “De ‘El Niño’ y otros fenómenos” en Colombia y Sudamérica.
El fenómeno de El Niño es la fase cálida del ciclo climático del Océano Pacífico, también denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) cuya fase de enfriamiento conocemos comúnmente como el fenómeno “La Niña”. En condiciones normales, los vientos alisios llevan el agua de la superficie oceánica desde Ecuador a la costa de Indonesia y Australia (dirección este a oeste) pero, debido al incremento de la presión atmosférica del Océano Pacífico, durante El Niño disminuye la fuerza de los vientos alisios ocasionando que las aguas cálidas, ubicadas cerca de Australia e Indonesia, se desplacen hacia Sudamérica (dirección oeste a este), causando a su vez diferencias en la temperatura y la pluviosidad de los países que rodean dicho océano.
Este fenómeno climático se presenta desde 1950 y tiene una duración de 12 a 18 meses, manifestándose con intensidades diferentes y una frecuencia irregular en intervalos de dos a siete años. En Colombia debido a los efectos que tiene este fenómeno estamos acostumbrados a asociarlo con sequías, sin embargo, vale la pena mencionar que en algunas zonas de otros países de la región El Niño aumenta las precipitaciones y en la región Pacífico Norte intensifica los ciclones.
Por ejemplo, el año pasado en el sur de Brasil fueron afectadas 25.000 personas en 108 municipios de los Estados de Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul; más aún, en octubre Porto Alegre registró el mes más lluvioso desde 1939 y el Lago Guaíba alcanzó su nivel más alto desde 1941, como resultado de uno de los fenómenos El Niño más fuertes que ha enfrentado ese país. Sin embargo, otras regiones de ese país sufrieron una realidad totalmente diferente, a finales de 2015 más de 30 ciudades registraron temperaturas superiores a los 40 °C, muchas de ellas batieron marcas históricas de altas temperaturas que provocaron incendios y el Río Amazonas disminuyó su nivel en varios metros.
En Colombia, El Niño ha agudizado problemas ya existentes como la falta de agua en la Guajira, donde la comunidad indígena Wayúu tiene que abastecerse de este líquido por medio de tanques ubicados cerca del río Rancherías. Al mismo tiempo en algunos municipios las ciénagas se convirtieron en desiertos y otros corregimientos llegaron a encontrarse aislados porque la lancha es el único medio para transportar víveres y personas. Además, debido al déficit de precipitaciones, ríos como el Magdalena y el Cauca, que abastecen al 70% del país, presentaron niveles cercanos al 30% de su cauce normal.
Asimismo, cabe resaltar la estrecha relación que tiene El Niño con el cambio climático, pues los efectos del cambio climático implican fenómenos de El Niño y La Niña cada vez más extremos. El reporte del Banco Mundial (2014), titulado “Bajemos la temperatura: Cómo hacer frente a la nueva realidad climática”, muestra algunos de los efectos adversos que está enfrentando el mundo debido a las altas temperaturas.
Uno de los datos presentados por el Banco Mundial afirma que, para el año 2100, se espera que la temperatura global aumente entre 1,5 °C y 5,5 °C dependiendo de los niveles de emisiones, siendo los países menos afectados de la región Brasil, Uruguay y Argentina (en sus extensiones costeras del atlántico). Este aumento de temperatura conllevará al incremento de la aridez y la escasez de recursos hídricos.
También, se espera una intensificación de la recesión de los glaciares tropicales, que según las estimaciones presentadas, perderán en volumen cerca del 78% y el 97% en un escenario medio, pero se puede esperar una desglaciación casi completa en el peor de los escenarios. Esto a su vez implica aumentos del nivel del mar.
A futuro, según el mismo informe del Banco Mundial, se estiman pérdidas de alrededor del 24% de 138 especies de árboles bajo un incremento de temperatura de 2 °C. A su vez se espera una desaparición paulatina del Amazonas, degradación forestal y pérdida de biodiversidad. También, existe la expectativa de un crecimiento pronunciado en la extinción de mamíferos, aves, mariposas, ranas y reptiles para 2050, puesto que los recursos como agua y alimentos serán más limitados y habrá más competencia entre las especies.
Finalmente, los arrecifes de coral y la piscicultura se encuentran seriamente amenazados por la elevación de la temperatura, la acidificación y la hipoxia en los océanos. Esto ocasiona que las poblaciones de peces estén migrando hacia los polos, en busca de aguas más frías.
Esta vez El Niño estaba más que anunciado y de este tipo de reportes, así como de las experiencias pasadas, debimos haber aprendido para prepararnos mejor. Durante las pasadas 3 décadas los episodios de El Niño que más intensidad habían tenido ocurrieron en los años 1982-1983 y 1997-1998, y de acuerdo al Boletín Técnico del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), titulado El fenómeno de “El Niño” en la agricultura de las Américas (2015), el primero de estos dos eventos ocasionó un estimado de USD 10.000 millones en pérdidas a nivel mundial, mientras que el segundo fue de mayor impacto para América Latina y el Caribe, generando pérdidas en los países andinos que representaron 50% de las actividades agrícolas y pecuarias, junto con daños en infraestructura de transporte, electricidad y agua que incrementaron los costos de producción en los períodos siguientes. Los países más afectados en ese momento fueron Perú y Ecuador, y en Colombia los daños representaron 2% del PIB nacional.
Impactos de “El Niño” en la Agricultura
Siguiendo el documento del IICA (2015), Perú es uno de los países que más se ve afectado con las apariciones de este fenómeno, las altas temperaturas afectan significativamente los cultivos de aguacate, caña de azúcar, algodón, banano, limón, papaya, trigo, maíz y arroz, así como afectan la piscicultura, especialmente la captura de anchovetas peruanas. En Ecuador los cultivos que se ven más amenazados por las sequías son el arroz, el maíz, el cacao, el banano, los pastizales y los tubérculos. También, como mencioné al inicio, en Colombia El Niño se traduce mayormente en condiciones de sequía y desabastecimiento de ríos, esto afecta fuertemente la ganadería y los cultivos, no solo por la falta de agua para los animales o el riego, sino por el poco crecimiento de pastos para la alimentación; una situación similar a la de Venezuela.
No obstante, contrario a una de las hipótesis citadas por el mismo informe del IICA, la producción de café en Colombia no se vio potenciada por los incrementos en la temperatura y la disminución de precipitaciones, por el contrario, según un estudio del Servicio de Extensión de la Federación Nacional de Cafeteros, 90.000 hectáreas productivas que equivalían al 18% de la cosecha esperada en el segundo semestre de 2015 se vieron afectadas en algún grado. Si bien es cierto que cuando El Niño se ha presentado de forma moderada el sector caficultor se ha visto beneficiado en alguna medida, en 2015 sus efectos fueron más intensos, lo que implicó déficits continuos de agua, aumento de plagas y problemas de broca que condujeron a un aumento de los costos de mano de obra, reduciendo drásticamente la rentabilidad de los cultivos de café.
Por todo lo anterior, no es sorprendente que el fenómeno El Niño tenga un impacto en la Seguridad Alimentaria y Nutricional así como en las variables macroeconómicas de varios países. En Colombia la inflación superó las metas establecidas por el Banco de la República el año pasado principalmente por el gran aumento de precios en los alimentos, situación que se vio agravada por la rápida depreciación que, lejos de beneficiar a los exportadores, implicó aumentos en los precios de insumos para la producción agrícola. De acuerdo a la Revista Semana (2016a) cerca de 50.000 animales han muerto de sed y la producción de leche en Colombia cayó en un 20%.
A nivel mundial se sigue observando un aumento en los precios de los alimentos y es importante reconocer, como afirma el boletín del IICA (2015), que los países de América Latina y el Caribe más vulnerables serán aquellos que además de tener un alto porcentaje de su población en situación de pobreza o subnutrición, tienen alta dependencia a las importaciones para cubrir su demanda interna por alimentos.
Un Fenómeno peor que “El Niño”
Mientras que las noticias en Colombia tuvieron titulares alarmantes como que los bogotanos nos tendremos que adaptar al calor, que Cartagena y otras ciudades costeras serían inhabitables por las altas temperaturas en unos años o inclusive comparaciones odiosas con la época del terrorismo por las evacuaciones masivas en colegios, universidades y varias entidades gubernamentales que se presentaron por los incendios ocasionados por El Niño y el cambio climático en general, no deja de sorprender que el gobierno nacional concediera una licencia de explotación petrolera a la empresa Hupecol en la Macarena (que afortunadamente fue suspendida), ignorando los daños ambientales que podría ocasionar como la contaminación o sequía de los ríos Guayabero, Duda y Lozada y las consecuencias más que adversas que se presentarían sobre la maravilla natural y atractivo turístico Caño Cristales… Ahora van por el Valle de Cocora, lugar donde crece la palma de cera, que fue declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad en Salento, Quindio. Estos hechos parecían inconcebibles ya que estos escándalos salieron a la luz pública poco después de que el gobierno anunciara la protección de varios páramos en el país.
Por otra parte, la paradoja de los efectos del fenómeno El Niño en Colombia en el sector energético es que durante las olas de calor se presenta un aumento enorme en el consumo (demanda) de energía mientras que disminuye su oferta debido a la reducción del caudal o sequía de ríos como el Sambingo en Cauca (tragedia en la que además influyó la minería ilegal) y aún seguimos sin saber aprovechar otros tipos de energía como la energía solar. Y aunque Revista Semana (2016a), de manera optimista, afirmaba que después del apagón de 1991 el sector eléctrico “se reinventó” y era puesto de ejemplo por no estar en crisis, la realidad en los meses siguientes fue diferente pues el pasado marzo el presidente Juan Manuel Santos tuvo que lanzar la campaña “Apagar paga” para evitar un racionamiento energético en el país.
Pero El Niño no es el principal causante de que América Latina se esté quedando sin alimentos, sin energía o sin oportunidades en general, hay un fenómeno común en la región que tiene efectos más devastadores que los fenómenos El Niño y La Niña juntos, se trata de la corrupción. Ejemplos de los escándalos de corrupción y sus efectos sobran: Petrobras y la crisis política en Brasil, lavado de activos en Argentina o desabastecimientos críticos de varios productos de primera necesidad en Venezuela, por nombrar solo algunos. Por supuesto, Colombia tampoco escapa a este fenómeno. A comienzos de este año, se descubrió que el proyecto de ampliación de la Refinería de Cartagena (Reficar), que se esperaba que ayudara a mejorar la calidad de los combustibles y generara utilidades para el país, llegó a costar 8.016 millones de dólares, 4.023 millones de dólares más de lo que se preveía hace menos de 6 años. Catalogado por algunos como el caso de corrupción más grande en la historia de este país, las pérdidas millonarias de Reficar y, por lo tanto, del Estado colombiano (puesto que la refinería pertenece a Ecopetrol, la empresa de petróleos del país), son resultado de malas decisiones administrativas, una “feria de contratos”, retrasos en la entrada en operación y hasta de una dramática caída de la rentabilidad esperada del proyecto.
Otro escándalo de corrupción no menos grave, y en mi opinión, moralmente más cuestionable, es el del desvío de los recursos destinados para el Programa de Alimentación Escolar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Ministerio de Educación Nacional.De acuerdo a la Fiscalía General de la Nación, en más de 10 contratos en los departamentos de La Guajira, Atlántico, Amazonas, Magdalena, Chocó y Huila se desviaron más de 7.700 millones de pesos colombianos que debían estar destinados a la alimentación de 11.000 personas, entre niños, madres y adolescentes. Es indignante saber que en el país mueren niños por hambre y desnutrición mientras se roban el dinero de su comida en los colegios y descaradamente simulan estar cumpliendo con los contratos como se muestra en video “Trampas con alimentación escolar en Aguachica” (disponible en Youtube).
Para terminar, y retomando el tema inicial, hago una invitación a la reflexión sobre los efectos devastadores que tuvo El Niño en la región, muchos pudieron ser minimizados o incluso evitados; los fenómenos climáticos son fenómenos globales y, por lo tanto, deben ser pensados y abordados globalmente. Como bien se menciona en Revista Semana (2016a), El Niño estaba más que anunciado y los impactos que tuvo se debieron principalmente a la falta de planeación y acciones preventivas. Ahora bien, quiero dejar constancia de que, de acuerdo al Gobierno australiano, 7 de 8 modelos sugieren una probabilidad alta de ocurrencia de La Niña en septiembre, entonces con la falta de planeación a la que estamos acostumbrados solo resta esperar a ver los titulares de las noticias o ¿será que esta vez sí vamos a prepararnos?
Adenda: Celebro la próxima divulgación de resultados del Censo Nacional Agropecuario en Colombia, después de casi 50 años sin información oficial sobre el sector, sin embargo, la realidad que nos muestra es desalentadora. Si el 45,6% de las personas que habitan en áreas rurales dispersas (que fueron las áreas censadas) se encuentra en situación de pobreza multidimensional, y además está altamente concentrada en los departamentos de la Guajira, Vichada, Guanía y Vaupés, ¿cómo podemos esperar que superen esta situación de pobreza si además son departamentos altamente afectados por el Fenómeno de El Niño (y la corrupción)?
 
*Las opiniones expresadas en este documento son responsabilidad del autor y no comprometen la opinión y posición del IPDRS.

Authors and Publishers

Author(s), editor(s), contributor(s): 

Andrés Santana Bonilla

Publisher(s): 

El Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) es una iniciativa de la sociedad civil que nació en el año 2009 para promover enlaces, sinergias y acciones de desarrollo rural de base campesina indígena en la región sudamericana.

El IPDRS ejecuta proyectos, realiza consultorías y evaluaciones y gestiona servicios de fortalecimiento de capacidades de desarrollo rural en Sudamérica a través de las líneas de: INVESTIGACIÓN-ACCIÓN, COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO e INTERAPRENDIZAJE.

Data provider

El Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) es una iniciativa de la sociedad civil que nació en el año 2009 para promover enlaces, sinergias y acciones de desarrollo rural de base campesina indígena en la región sudamericana.

El IPDRS ejecuta proyectos, realiza consultorías y evaluaciones y gestiona servicios de fortalecimiento de capacidades de desarrollo rural en Sudamérica a través de las líneas de: INVESTIGACIÓN-ACCIÓN, COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO e INTERAPRENDIZAJE.

Share this page